Fue un 26 de Octubre, miércoles, en la Plaza de San Pedro del Vaticano. Avanzó hacia mí sin titubeo. No parecía un anciano. Adelantó con el gesto la palabra. Estrechó mis dos manos con las suyas. Asidos como si expresara así su amor me habló de todos ustedes: en perfecto castellano y me llamó por mi nombre.
- ¡D. Luis, enhorabuena por su decisión de
asumir una nueva parroquia en Madrid! Pero no
deje la juventud a la que ha dedicado su vida. Los
jóvenes son el valor primordial que hay que cuidar
en la Iglesia.
Benedicto XVI fue una sorpresa para mí. Nunca le había saludado. Nunca pensé que este fuera nuestro Papa. Dios había pensado en nosotros. Estuvo en este emotivo signo de sus manos con las mías que se transmite a las vuestras. Es la bendición que él otorgó para vosotros feligreses de Santa María la Blanca.